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Espacio Universitario

La lógica del capitalismo de Estado en el proceso de internacionalización de Pemex: perspectivas generales

Por: Jhovany Amastal Molina

El fin de la Guerra Fría y, específicamente, la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), representó la universalización de las ideas político-económicas del paradigma neoliberal, cuyo principal postulado partía del categórico del laissez faire, el cual, propugnaba por un lado, por la desestimación del Estado dentro de la economía internacional mientras que, por otro, se sobresaltaba el papel de mercado para determinar y regular tanto niveles de precios como la cantidad de oferta de determinados productos.

Bajo dichos supuestos, desde finales de los años noventa, se observó una nueva ola de liberación económica vislumbrada en el incremento de los volúmenes de comercio, capital e, incluso de tecnología. No obstante, su desarrollo estuvo acompañado de una nueva lógica en la cual, los intereses nacionales lograron, en cierta medida, sobreponerse a los intereses del capital privado transnacional dando inicio al denominado Capitalismo de Estado; mismo que, de acuerdo Taylor (2014), puede entenderse como:

“un modo de producción que es ‘capitalista’ en la connotación de la presencia de trabajo asalariado, la extracción de beneficios y las relaciones de mercado, pero que se distingue porque existe un propietario principal en el estado, un grado de planificación central de la producción. y/o inversión y objetivos nacionales expresados a través del desarrollo económico a largo plazo”.

Bremmer (2008), por su parte, lo califica como un sistema en el que el Estado funge como el principal actor económico y utiliza los mercados para obtener beneficios políticos. Específicamente, en su artículo “The New Rules of Globalization”, explica que el desenvolvimiento de dicho esquema es el resultado tanto de la arbitrariedad como de la anarquía del sistema internacional —derivada en constantes crisis económicas— por lo que, bajo este nuevo enfoque, se busca insertar la economía de un estado nacional a la lógica global sin renunciar ni al control ni a los privilegios de los que el aparato de gobierno ha gozado. En palabras más simples, se busca mantener la “nacionalización dentro de los límites corporativos de la empresas estatales y luego usar los poderes nacionales para obtener una ventaja competitiva dentro y fuera de los mercado nacionales”.  

Para ello, su actuar político corresponda a la liberación limitada de determinados sector industriales con el objetivo, “de controlar la riqueza que generan los mercados” por lo su apertura suele ser acompañada básicamente de la conjunción de las actividades de Empresas Nacionales y Compañías Internacionales, en donde más que ceder el derecho de explotación a éstas últimas, se busca acceder al conjunto de sus experiencias y proyectos de desarrollo tecnológico, bajo una relación de cooperación y conflicto, determinada tanto por las necesidades nacionales como por los movimientos internacionales de capital.

Desde esta perspectiva, la nueva estructura del Sistema Internacional se rige por la “búsqueda y promoción de la competitividad capitalista”, donde, irónicamente, los mercados no están lo suficientemente abiertos y, por tanto, no lo suficientemente integrados para generar el tipo correcto de presiones competitivas. Es frente a esta coyuntura que el proceso de internacionalización de las Empresas Nacionales, entendido de manera general como la participación directa de las empresas en otros países, se convierte en un accionar necesario para cualquier Estado. Al respecto, Kraemer & Tulder (2009), consideran que dicho accionar se establece a partir de tres estrategias principales de internacionalización:

  • Búsqueda de recursos o de mercado, cuya finalidad es acceder a recursos relativamente más baratos. La lógica se desenvuelve bajo el imperativo de la ventaja comparativa, cuyo principal finalidad es evitar las transacciones del mercado externo y las incertidumbres de operar en el mercado libre
  • Búsqueda eficiencia, se centra en el mejoramiento de los procesos de producción y distribución. Dentro del sector energético, esta estrategia comprende la expansión empresarial hacia las etapas de refinación y manufactura de las cadenas de valor dado que las economías de escala permiten explotar las diferencias en la dotación de factores
  • Búsqueda de activos estratégicos, bajo este esquema el objetivo es levantar barreras de entrada o frenar los beneficios de los competidores dentro de un mercado local. Un ejemplo de ello, es la fusión de empresas locales y extranjeras, para que éstas últimas puedan obtener acceso a su posición privilegiada, así como a sus reservas nacionales de recursos

Como se observar, la idea es diseñar y/o construir ventajas competitivas a través de dotaciones inmóviles e intereses particulares que permitan explotar la desigual distribución de recursos, de ahí que tal y como Cheon (2015) asevera, “cuanto mayores son las ventas competitivas de las empresas inversoras en relación con las de otra empresa (en particular las domiciliadas en el exterior) es más probable que puedan participar o aumentar sus inversiones más allá de las fronteras nacionales”.

La internacionalización de Pemex: ¿con o sin estrategia?

Pemex se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de desarrolla para el país, cuya funcionalidad se encuentra estipulada en artículo 4 de la Ley de Petróleos Mexicanos, en la que se sustenta que “tiene como fin el desarrollo de actividades empresariales, económicas, industriales y comerciales en términos de su objeto, generando valor económico y rentabilidad para el Estado Mexicano”. Para ello, desde la implementación de la reforma energética de 2013, se ha pretendido romper el monopolio de Pemex para dividir y crear un sistema de cadenas de valor bajo los lineamientos de upstream, midstream y downstream, siendo la pretensión del gobierno que Pemex logre una profesionalización dentro de la primera estructura.

Bajo dicha lógica, la administración en turno, según lo estipulado en el Plan de Negocios 2017-2021, estableció como lineamientos de acción: aumentar la rentabilidad de Pemex a través de una política de austeridad en el plano nacional y pasar de ser un comercializador exclusivo de y para Pemex a un comercializador global. Dentro del primer rubro, la idea fue generar un ambiente de estabilidad y convertirse en un mercado de inversión rentable pues tal y como se menciona en el plan: “el manejo de deuda, [tuvo como objeto] evitar amortizaciones abultadas en 2018, alargar el periodo de la deuda y regresar la caja a niveles más adecuados”. El segundo lineamiento, va dirigido a la ampliación del mercado, es decir, a la diversificación de actividades comerciales siendo “el comercio exterior de productos una de sus principales oportunidades”

Pese a que dichos lineamientos parecen responder a una realidad coherente, su funcionalidad refleja una clara contradicción pues, si bien se registró un recorte de costos en 100 mil millones de pesos para mejorar la estabilidad financiera de Pemex, esto fue a costa de la disminución de la inversión en otros sectores, tal y como fue el recorte de 13 mil millones de pesos en aguas profundas. La segunda contradicción, concerniente a su objetivo de ser un comercializador global, se refleja en los bajos niveles de inversión en sectores de transformación industrial, ya que como se muestra en la siguiente gráfica, su principal centro de inversión es y seguirá siendo la exploración.

Gráfica 1. Inversión por línea de negocio 2019

La lógica del capitalismo de Estado en el proceso de internacionalización de Pemex: perspectivas generales 2
Tomado de Pemex (2019)

Además de que el sector de transformación ha incurrido a pérdidas en un aproximado de 100 mil millones de pesos al año debido a deficiencias operativas, falta de inversión y mantenimiento. Por otro lado, la oportunidades del sector se han visto socavadas gracias al declive palatino de zonas productoras como Cantarell ya que si bien, en 2004 México se consolidó como el 3er mayor productor de aceite en el mundo, el 62% de su producción dependía de Cantarell; hecho que cuestiona en cierto sentido la viabilidad de su crecimiento en el futuro inmediato.

Ante esta realidad, la política gubernamental ha enfatizado el uso de alianzas estratégicas, mejor conocidas como ”farmout”, para hacer frente tanto a las nuevas complejidades geológicas y técnicas como para adquirir y compartir experiencia, tecnología y riesgos. Por lo que, podemos deducir que sus ejes de acción corresponden a una estrategia de búsqueda de mercado y de eficiencia, supeditadas al aumento de la producción de hidrocarburos y, específicamente del petróleo.

No obstante, al considerar la nueva estructura del mercado energético, es necesario reformular, en primer lugar, la estrategia de asociaciones estratégicas pues, pese a que estas asociaciones se han consolidado como una de las principales herramientas ofrecidas dentro de la Reforma de 2013, su funcionalidad, anteriormente, se habían ejecutado a través de contratos operativos y de servicios y estos no necesariamente llevaron a la modernización de la industria. En segundo lugar, es necesario cuestionar, el enfoque de explotación petrolera dado que nos encontramos en periodo de transición energética, en donde el gas natural —y ciertas fuentes alternativas— podrían sobreponerse sobre la producción convencional de hidrocarburos.

Fuentes de consulta

Bremmer, I. (2008). The Return of State Capitalism. Survival: Global Politics and Strategy, 50(3), 55–64. https://doi.org/10.1080/00396330802173198

Cheon, A. (2015). On Whose Terms? Understanding the Global Expansion of National Oil Companies. Columbia University. Recuperado a partir de https://academiccommons.columbia.edu/doi/10.7916/D89S1Q4M

Kraemer, R., & Tulder, R. van. (2009). Internationalization of TNCs from the extractive industries: a literature. Transnational Corporations, 18(1), 137–157.

Pemex. (2019). Inversión en cifras. Recuperado el 13 de abril de 2019, a partir de http://www.pemex.com/ri/finanzas/Paginas/InversionCifras.aspx

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